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PERSPECTIVAS PARA
CONFLICTO MAPUCHE
por Javier Lavanchy (1)
Santiago, septiembre de 1999
En la última década sin duda el tema mapuche ha cobrado un revitalizado brío. Tras más de quince años en los cuales el pueblo mapuche se vio oprimido por el régimen militar, siendo incluso suprimido por ley, la recuperación de la democracia posibilitó que el Estado volviera a reconocer la diversidad étnica que caracteriza a nuestro país, diversidad en la que la etnia mapuche ocupa un lugar de importancia. Este reconocimiento de la plurietnicidad y multiculturalidad existente al interior del Estado chileno quedó plasmado en
No obstante, al poco tiempo se comenzó a notar que
Ralco creo una inusitada resonancia en torno al tema indígena, baste con recordar que durante más de dos años prácticamente no hubo semana en que el proyecto no fuera uno de lo focos noticiosos más destacados por la prensa chilena. Asimismo, a nivel de la intelectualidad criolla hubo una amplia discusión canalizada a través de los periódicos “El Mercurio” y “La Época,” en la que participaron destacados antropólogos e historiadores, unos a favor de la represa (Le-Bert 1997, Villalobos 1998a, 1998b) y otros en su contra (Valenzuela 1997; Correa 1997, 1998; Bulnes 1997; Molina 1997; Vila 1997) (2). En fin, el proyecto hidroeléctrico Ralco puso en un primer plano el tema mapuche.
Sea por las razones que sea Ralco constituyó, desde un primer minuto, un tema puntual: un conflicto entre un sector de la parcialidad pewenche, apoyada por ecologistas e indigenistas, y Endesa, apoyada por el gobierno. No obstante, a poco andar, se transformó para muchos mapuche en una alegoría de un conflicto global entre dicho pueblo y el Estado chileno.
Ahora bien, el conflicto mapuche, a mi entender, sólo comienza, si es posible señalar un hito, con la quema de los camiones maderos de
Ahora bien, el origen substantivo de estas acciones puede ser hallado en los interminables conflictos de tierras focalizados principalmente en las provincias de Arauco y Malleco, específicamente en las comunas Los Álamos, Cañete, Contulmo, y Tirua, en la primera, y Lumaco, Traiguén y Collipulli, en la segunda. Sin embargo, no es posible entender el conflicto sólo por la razón substantiva de la carencia de tierras y la pobreza que aqueja a las comunidades mapuches. Desde un comienzo, distintas organizaciones han participado en la coordinación de las acciones reivindicativas de las comunidades. Entre éstas destacan, en un primer momento,
Ahora bien, podemos preguntarnos ¿hasta qué punto las reivindicaciones políticas de las organizaciones mapuche tienen resonancia en las comunidades? Para responder a esta pregunta nos podemos valer de los datos que han proporcionado los así llamados “Diálogos Comunales” patrocinados por Mideplan (1999), los que, a despecho de ser un instrumento cuestionable, presentan la única fuente de información disponible sobre la demanda efectiva de las comunidades. Si observamos este material podemos apreciar que la principal demanda de las comunidades mapuche en
Fuente: Mideplan. “Diálogos Comunales IX Región.” 1999
Podemos incluso hilar más fino. De las 31 comunas de
En cambio, si tomamos la demanda por infraestructura, podemos observar que 7 comunas tienen una demanda alta (Traiguén, Perquenco, Nueva Imperial, Saavedra, Teodoro Schmidt, Padre Las Casas y Vilcún), 15 una demanda media alta (Angol, Renaico, Collipulli, Purén, Lumaco, Victoria, Galvarino, Lonquimay, Lautaro, Temuco, Freire, Toltén, Villarrica, Pucón y Curarrehue), 8 una demanda media (Los Sauces, Curacautín, Carahue, Melipeuco, Cunco, Pitrufkén, Gorbea, y Loncoche), y sólo 1 (Ercilla) una demanda baja.
La demanda económica-productiva es tanto o más reveladora: 12 comunas presentan una demanda alta (Angol, Renaico, Los Sauces, Lumaco, Perquenco, Curacautín, Lonquimay, Nueva Imperial, Melipeuco, Cunco, Pucón y Curarrehue), 16 una demanda media alta (Puren, Collipulli, Traiguén, Galvarino, Carahue, Lautaro, Temuco, Vilcún, Saavedra, Padre Las Casas, Freire, Pitrufkén, Toltén, Gorbea, Loncoche y Villarrica), 2 una demanda media (Victoria y Teodoro Schmidt) y 1 una demanda baja (Ercilla).
Para completar el cuadro, la demanda por tierras, no es tan significativa como las anteriores: 5 comunas presentan una demanda alta (Los Sauces, Collipulli, Traiguén, Curacautín y Toltén), 5 una demanda media alta (Angol, Renaico, Purén, Lumaco y Loncoche), 15 una demanda media (Victoria, Galvarino, Carahue, Lautaro, Vilcún, Melipeuco, Lonquimay, Saavedra, Padre Las Casas, Cunco, Pitrufkén, Gorbea, Villarrica, Pucón y Curarrehue) y 6 una demanda baja (Ercilla, Perquenco, Nueva Imperial, Temuco, Teodoro Schmidt y Freire).
Según los datos expuestos arriba, podemos aseverar que la demanda efectiva de las comunidades es más bien substantiva que sociopolítica. Entonces, respondiendo a nuestra pregunta, podemos afirmar que las organizaciones mapuches no han logrado tener suficiente eco entre sus bases en lo referente a su objetivo principal: la reivindicación por el reconocimiento y la autonomía de la “nación mapuche.”
¿Qué podemos concluir con este sucinto análisis de los datos proporcionados por los “Diálogos Comunales de Mideplan”? En primer lugar, las organizaciones mapuches, en su búsqueda por objetivos políticos, en el corto plazo posiblemente deberán seguir apelando a los conflictos substantivos de la etnia como catalizadores de sus conflictos políticos. En segundo lugar, también podemos aseverar, si seguimos la perspectiva de Connor (1998), que la nación mapuche propiamente tal no existe, pues si la esencia de una nación es de naturaleza subjetiva, es decir, la consciencia de pertenecer a una nación, y una nación se diferencia de una etnia básicamente en la incorporación de un elemento político, que podemos llamar principio de la nacionalidad, que radica en la aspiración de los miembros de una nación a no ser dominados por aquellos que consideran extranjeros -en otras palabras, la nación es una entidad política autoconsciente-, el pueblo mapuche, a nivel de bases, aún no cumple con dicho requisito.(5)
De esta forma, no nos queda sino coincidir con el profesor Foerster (1999) que el pueblo mapuche sólo se encuentra en las fases A y B del nacionalismo, según la tipología Hroch, pero, si para Foerster la fase C constituye un escenario posible, nosotros podemos sostener que dicho escenario aún no lo es.(6)
Entonces, de acuerdo a lo anterior, posiblemente la principal labor a la que se deberían dedicar los intelectuales y los líderes políticos mapuches, es a crear una consciencia nacional. Esto es difundir los sentimientos etnonacionalistas mapuches. Podemos aseverar que tal tarea la han emprendido desde hace tiempo tales organizaciones. El periódico Aukiñ del Consejo de Todas las Tierras es un ejemplo de ello, así como el programa radial Witrange Anay del Centro de Comunicaciones Mapuche Llüfken Mapu. No podemos aseverar cuanto tiempo le tomará a las bases mapuche adquirir consciencia nacional, pero si podemos decir que es un proceso que está en marcha y el porcentaje de un 15% que obtuvo la demanda sociopolítica en
Si el proceso de transformación de etnia en nación ha comenzado y parece ser inevitable, entonces ¿qué alternativa podemos proponer respecto a nuestro trato para con el pueblo mapuche? Si coincidimos con Fernando Villegas (1999) respecto a que estamos presenciando uno de los fenómenos históricos más importantes que hayan sucedido en este país en el presente siglo, vale decir, el nacimiento de la nación mapuche, puesto que toda nación se comienza a formar gracias a la acción de un puñado de activistas que demandan ciertas reivindicaciones políticas, no nos queda otra cosa, como Estado y sociedad civil chilena, que seguir la sugerencia de Rolf Foerster (op. cit.: 58) de reconocer al pueblo mapuche como nación. Sólo a través de esta alternativa se evitaría que se acumularan agravios que hiciesen cada vez más difícil la convivencia entre ambos pueblos.
Referencias
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Acerca de |
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1999 |
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Notas
(1) Agradezco a mi maestro Rolf Foerster por sus comentarios y sugerencias al manuscrito original. Asimismo agradezco a
(2) Para un análisis exhaustivo de ambos polos de discurso, siguiendo una orientación estructural, véase Lange, Lavanchy y Palacios 1998.
(3) Para un tratamiento sintético de las movilizaciones mapuches acaecidas durante el actual conflicto véase Lavanchy 1999.
(4) Según los “Diálogos Comunales” de Mideplan (1999), la demanda efectiva se descompone en los siguientes ámbitos: (1) sociopolíticas, que apelan a un mayor reconocimiento del Estado y la sociedad chilena, discriminación positiva en algunas materias de representación política y de políticas que favorezcan y fortalezcan su condición de actor social; (2) económico-productivas, que propician un mayor apoyo del Estado, a través de subsidio directo, instrumentos de fomento productivo y de formación de capital humano; (3) infraestructura y servicios, que propician inversiones para la construcción o habilitación de caminos y/o puentes, así como servicios de agua potable, electricidad, vivienda, etc.; (4) cultural: que tienen por objeto solicitar recursos y políticas que salvaguarden el desarrollo de actividades propias de su cultura; y, (5) tierras, que tienen por propósito solicitar la intervención del Estado para proveerlos de más tierras.
(5) El antropólogo Ernest Gellner (1988) señalaría que el principio de la nacionalidad asevera la congruencia entre la unidad política y la cultural. Cabe indicar que Gellner está pensando en el Estado Nacional, pero restringir el principio de la nacionalidad a la independencia estatal no considera que la mayoría de las naciones en la actualidad sólo se conforman con grados crecientes de autonomía respecto a la política interna del Estado, dejando fuera de su competencia todo lo que se refiere a políticas externas (véase Connor op. cit.).
(6) Según el esquema de Hroch, la fase A es aquella en que lo nacional se cultiva en el ámbito cultural sin una finalidad política. La fase B, en tanto, se caracteriza por el surgimiento de precursores y militantes políticos de la idea de lo nacional. Finalmente, la fase C es aquella en que los proyectos nacionales obtienen el apoyo de las masas.








" Sigan sabiendo queridos compañeros, que más temprano que tarde se abrirán las grandes alamedas, por donde pase el hombre libre construyendo su libertad... "

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